¿Será posible que el presidente Varela cambie?

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La realidad que vive el país nos indica que las cosas no se están moviendo como la gente esperaba.

El estancamiento que se siente, para el Gobierno solo una percepción, lo comentan tirios y troyanos. Se palpita lentitud en la economía, proyectos que no arrancan, trabas deficientes de la burocracia oficial y exagerada preocupación del presidente Varela por asuntos pequeños y no por plantear soluciones y propuestas para aquellos de gran magnitud nacional y que requieren de su atención. Sin soslayar, por supuesto, hay señales que impiden que se sienta un Gobierno transparente como el que todos esperábamos.

Halagador fue escuchar al mandatario en la reciente inauguración de Expocomer cuando señaló que de ahora en adelante le pondría más atención al sector privado, responsable principal de la generación de riquezas en el país. El pasado 16 de marzo se reunió con líderes indígenas, lo cual es otra buena señal. Y es que el presidente no solo debe prestarle más atención al sector productivo del país, falta el diseño de una verdadera agenda que siente las bases de un plan nacional de seguridad. De un programa a corto, mediano y largo plazo para afrontar los retos de una educación deficiente y excluyente, donde lo público se ha rezagado a lo privado, creando dos clases de panameños. No existe un plan de desarrollo para darle esperanzas al sector agrícola, que tantos empleos genera, de que su futuro puede ser mejor de lo que ve ahora. Hay que dar un vuelco total a lo que parece un estilo algo pausado de hacer las cosas.

El presidente ha estado muy aislado. No consulta. No promueve el diálogo y la concertación. No escucha a los diferentes actores de la vida nacional. En 21 meses de Gobierno ha demostrado que no trabaja en equipo; como que quiere controlar todo desde la Presidencia, incluso en nombramientos que se hacen en diferentes entidades. En ocasiones pareciera que al país en algunos temas se lo han tomado los cabilderos que promueven la agenda personal de sus clientes, importándoles poco el bien común.

Varela tiene que abrirse al país. Escuchar a los protagonistas de la vida nacional, no solo al entorno de sus amigos y copartidarios que, en muchos casos, para no desagradarlo, ocultarán verdades que otros sin temor valientemente le dirían. Debe ser más interactivo de lo que es y más receptivo a las críticas.

Pongo un ejemplo de este aislamiento. En días pasados se anunció el arreglo de Panamá con Finmeccanica. Debido al mal manejo de las comunicaciones oficiales, el mismo dejó toda clase de dudas en la ciudadanía. Tengo entendido que solo el presidente y el embajador de Panamá en Italia manejaron el asunto. Si antes, la Presidencia hubiese invitado a distinguidos abogados y representantes de medios para conocer los pormenores, antes de hacerse público el acuerdo, quizá hubiese tenido mejor aceptación cuando se trató de explicar sin ningún trabajo comunicacional previo. Así podríamos encontrar otros ejemplos.

No hemos visto que el presidente convoque a trabajadores, empresarios, gremios y sociedad civil a conversar con él. No da entrevistas en medios de comunicación y pareciera molestarse cuando algunos lo critican. No proyecta, desafortunadamente la imagen de estadista que sabemos tiene capacidad de mostrarnos. No ejerce frente a su equipo de trabajo el liderazgo que ha inspirado su vida como político y como empresario con tanto éxito y consecuencia. Tiene que dar rienda suelta a sus colaboradores para que estos, sin tanto control sobre ellos, puedan dar lo máximo de sus capacidades.

Al presidente se le acusa por su lentitud. ¿Por qué demoró tanto en escoger a nuevos directivos del Canal de Panamá? Lo único que tenía que hacer era buscar a gente valiosa relacionada con el tema para que la escogencia tenga aceptación ciudadana ¿O en nombrar los magistrados que hacen falta y cuyos periodos vencieron? ¿Y los suplentes de la Corte Suprema? ¿O tomar rápidas decisiones, como fue el caso de la viceministra del MIDES?

Por su capacidad y liderazgo demostrado en tantas áreas, creo que podemos esperar un cambio en el manejo de las riendas del Estado. Si no se hace rápidamente, el país no avanzará y la gestión actual pasará a ser una que no nos ha ayudado a darle sentido a esa concertación nacional de propósitos y objetivos que tanto se necesita para evitar caer en escenarios que otros pueblos lamentan. Y peor aún, esa lentitud para decidir también es duplicable, porque todos se mueven al mismo ritmo.

Versión digital publicada el 28 de Marzo de 2016 en La Estrella.