En general, el Partido Demócrata Cristiano tuvo un desempeño cuestionable en el periodo parlamentario entre el 91 y el 94. En reiteradas oportunidades, el mismo Cochez incluso ha traído a colación las peleas entre los partidarios. La mística entro los militantes fue desdibujándose; no era lo mismo estar en el desierto de la oposición como mezclarse con las mieles del poder.

Por otra parte, el gobierno de Endara comenzó a deteriorarse con el correr del tiempo, al punto de que llegó a protagonizar grandes escándalos por ex clientes suyos vinculados al narcotráfico. En ese escenario, varios demócratas cristianos – entre ellos Cochez – creían que el mandatario renunciaría. En ese caso, el cargo sería asumido por Ricardo Arias Calderon, primer Vicepresidente de Panamá y quien por tantos años se había consolidado como uno de los líderes indiscutibles del PDC. Sin embargo, para sorpresa de la mayoría, Arias Calderon renunció luego de varios meses de estar cobrando su salario sin ejercer sus funciones, hecho que motivó injustas críticas.

La pérdida de coherencia en el discurso que como opositores debían tener los democristianos les pasó factura en las elecciones de 1994, cuando pasaron de contar con 29 legisladores a uno sólo en la Asamblea. Cochez calificó eso como un “monstruoso descalabro”.

Así llegó el año 1999 y Guillermo Cochez tomaría una increíble decisión: renunciar al PDC tras 45 años de activa militancia. Le resultaba imposible estar de acuerdo con la línea partidista, especialmente en lo relacionado a la actitud de sus únicos dos diputados quienes no se ponían de acuerdo a la hora de realizar sus votaciones para la toma de decisiones trascendentales como la elección del Contralor General. Ya ni siquiera combatían las irregularidades del Gobierno de turno. Lamentablemente se sumaron a la corrupción que había dentro del Órgano Legislativo

La complejidad de la situación generó en Cochez una tremenda apatía. En sus memorias escribiría que “me fue asqueando la tanta porquería que vi se daba en torno a la dirigencia, encabezada por Rubén Arosemena Valdés”. Incluso, en su libro “Las montañas Sí se mueven”, relataría cómo fuerzas internas del PDC comenzaron a dejarlo a un lado para apoyar a personas más “populares y menos conflictivas”. Así que, al no ser más la “primera línea de batalla”, lo más saludable era renunciar; eso sí, manteniéndose como activo opinante frente al quehacer nacional.

Una breve reconciliación se dio en 2004, cuando Cochez retorna al PDC que en ese momento había cambiado su nombre a Partido Popular (PP) para apoyar la candidatura presidencial de Martín Torrijos. En esos días, reapareció un Willy Cochez aún más crítico que disfrutaba denunciando – como siempre – todas las irregularidades que cometían los que ostentaban el poder, en ese entonces encabezados por la presidenta Mireya Moscoso.

Una de sus legendarias acusaciones fue las del despilfarro de la mandataria en la compra de lujosa vestimenta personal y costosas prendas, realizadas a través de RPC Radio. Moscoso se sintió tan indignada con los comentarios de Cochez que personalmente llamó a la estación en un intento por refutar cada palabra. El irreverente Cochez siempre se reiría del episodio, destacando que “no tenía a nadie que lo hiciera por ella”.

Al finalizar la contienda electoral en la que lograría el triunfo Torrijos, Cochez se retiraría nuevamente del PP. Con mucha tristeza declararía que el partido había dejado de “ser diferente”. Torrijos le ofreció la Embajada de Panamá en Chile, pero Cochez declinó.

El Partido Popular siguió aliado del PRD y todo indicaba que para 2009 apoyaría a su candidata Balbina Herrera, ex Alcaldesa de San Miguelito en tiempos de la dictadura, pero muy vinculada a grupos chavistas, con los que Cochez no compartía. Eso lo motivó a terminar de alejarse del Partido Popular.

A mediados de 2008, sin embargo, un apasionado de la política como Cochez se mantenía inquieto y expectante ante los retos que suponía para Panamá el nuevo Siglo. Quería seguir participando en política, algo que quizá lo impulsó a inscribirse en Cambio Democrático (CD), fundado en 1998 por Ricardo Martinelli, antiguo adversario de Cochez, pero que en ese momento representaba la alternativa frente a la candidatura de Herrera.

La propuesta de CD giró en torno a la renovación del poder político panameño y el combate a la corrupción, declarándose a sí mismo distante de la clase política tradicional. De esta manera, en 2009, haciendo uso de una “alianza” partidista, llevó a su líder, Ricardo Martinelli, a la presidencia de Panamá.

La fuerza verde