Martinelli, ¿evasor de impuestos?

laestrella

 

“Resulta increíble el ver la especie de banda del crimen organizado que gobernó el pasado quinquenio”.

Durante el pasado Gobierno varias veces escuchamos que los que estaban en contra de Ricardo Martinelli incluían a los bellacos que no querían pagar impuestos. Tremenda campaña mediática montaron en contra del empresario Roberto Eisenmann, acusándolo de no haber liquidado correctamente un impuesto de transferencia de bienes inmuebles. Frente a esa facilidad de acusar alegremente a los demás, quién iba a pensar que Martinelli, el impoluto, también se encontraba en ese grupo del que hacía tanto alarde combatía.

Desde fecha que desconozco, Martinelli era medio dueño de Dicomar, S.A., empresa dedicada a la venta de tarjetas prepago de celulares con Cable & Wireless, negocio completamente legal. Cuando en 2010 se introdujo el Impuesto Selectivo al Consumo, las tarjetas de celular comenzaron a pagar el impuesto del 7 % sobre el total de la venta. El ya presidente decidió que su empresa no debía pagar ese impuesto y así se lo solicitó al gerente general de entonces de C&W, Jorge Nicolau. Negociaron y decidieron que el 75 % de ese impuesto se devolvería mediante notas de crédito. Era el único distribuidor de tarjetas con ese ilegal privilegio, donde ambas partes cometían un ilícito. Uno, por no pagar el impuesto, y el otro, como agente retenedor por devolverlo al que lo pagaba.

Así como ello, consta en mi denuncia de bien oculto presentada el 22 de enero de 2015 ante el Ministerio de Economía y Finanzas, de otras irregularidades en la empresa de capital mixto, donde el Estado panameño tiene el 49 % y los trabajadores el 2 % de su capital. Martinelli, de buen gusto por cierto, le encantaba que C&W, a través de su ejecutivo Roberto Mendoza, sacado de una cuenta que él manejaba discrecionalmente con Nicolau, le obsequiara valiosas botellas de vino con valor superior a los B/1200.00. Bastaba con una llamada, y Roberto decía: ‘Durante el día llegará lo que pide’.

Hay muchas otras cosas que investigar y que podrían ser varias decenas de millones los que se han dejado de pagar en dividendos al Estado y a los trabajadores de la telefónica por los manejos irregulares que se han dado. Menciono solo algunos.

1. Para que la empresa se ganará ciertos proyectos del Gobierno había que darle a algún funcionario algún ‘regalito’. De esta operación estaba encargado un ingeniero de apellido Young.

2. Entre tales proyectos están Telemedicina y Teleradiología en el Seguro Social, SUME 911, Soterramiento de cables (aún inconcluso), Video Vigilancia, RSM (Red Multiservicios de Telecomunicaciones del Gobierno, otorgada directamente a C&W, con la condición de que ejecutara el trabajo Caribbean Holding, de un cuñado de Martinelli, SPA (conexión del Sistema Penal Acusatorio) y el Internet Satelital (vStat) en escuela del Estado.

3. Le dieron una contribución a un partido político, que es CD, a través de un proveedor de servicios, el cual después se lo devolvían mediante notas de crédito. El proveedor es Promix, S.A.

4. Se pagaban excesivas comisiones en materia de agencias de publicidad.

5. Para alcanzar metas de ingresos se hacían ventas ficticias para aumentarlos.

Esta lista podría ser interminable, pero refleja a simple vista el desgreño administrativo y la corrupción estimulada por Ricardo Martinelli y sus allegados y aceptada por quienes regían los destinos de la mencionada telefónica hasta el 31 de diciembre pasado. El caso podría incluir varias situaciones delictivas que ameritarían una investigación por parte del Ministerio Público.

Resulta increíble el ver la especie de banda del crimen organizado que gobernó el pasado quinquenio. No me arrepiento de haber servido a mi país durante ese Gobierno, pero sí me alegro de que nadie me puede señalar en algo de lo que hice a lo que hoy asquerosamente se está descubriendo y que nos causa tanta repulsión y decepción.

Versión digital publicada el 2 de Marzo de 2015 en La Estrella de Panamá.