Los medios como auxiliares de la justicia

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“Los medios hacían apología de los delitos y tropelías de quienes mandaban y ocultaban toda noticia adversa al régimen militar”.

Quienes vivimos los 21 años de la dictadura militar nos dimos cuenta de cómo en Panamá el papel de los medios de comunicación social fue relegado a servir a los intereses momentáneos de los gobernantes. Los medios hacían apología de los delitos y tropelías de quienes mandaban y ocultaban toda noticia adversa al régimen militar. Ser periodista independiente en esos tiempos era prácticamente imposible. O te cuadrabas o te cuadrabas; no había alternativa.

Al emerger diarios independientes como La Prensa y El Siglo, entre otros, como consecuencia del veranillo democrático que se dio luego de la aprobación de los tratados sobre el Canal de Panamá en 1977, para acallar las protestas de que esos pactos habían sido firmados por un Gobierno antidemocrático, la población empezó a darse cuenta de lo que por casi una década se había ocultado. En más de una ocasión los diarios independientes fueron cerrados y censurados, inclusive apostando en las redacciónes de los diarios a censores oficiales, uno de ellos Alejandro Moncada Luna, a la sazón asesor legal del Ministerio de Gobierno y Justicia en ese entonces confiado al Partido Liberal de Popito Chiari, uno de los aliados del PRD, llamado entonces el brazo político del llamado ‘proceso revolucionario’. (Parecido al PSUV de hoy en Venezuela).

Desde la emergencia de un sistema democrático en 1989 y producto del avance de la tecnología, el rol de los medios en la sociedad ha ido creciendo, hasta el punto que pudimos hasta ver vía satélite el trayecto del vehículo oficial que trasladó a Moncada Luna de la Asamblea a su nuevo hogar por cinco años en El Renacer.

El rol del periodismo en Panamá se ha crecido en la medida que ha pasado el tiempo. Las televisoras, los medios impresos y la radio han servido para afianzar la democracia en Panamá. Sería indescriptible dibujar lo tanto que ese aporte ha sido para evitar que el país fuera tomado totalmente por la banda de delincuentes que nos gobernó el último quinquenio y que sus tropelías quedarán impunes. Gracias a los periodistas, en el país que no pasaba nada, está comenzando a pasar lo que no creíamos que podía suceder.

Con la histórica condena el 5 de marzo pasado de Alejandro Moncada y el apresamiento de Guillermo Ferrufino, ese mismo día, han jugado los medios un papel como auxiliares de justicia de un valor incalculable. Han descubierto propiedades de los acusados, han encontrado la relación entre sociedades obsequiosas con los detenidos, sus investigaciones han revelado vínculos familiares que se desconocían en esta telaraña de corrupción. En fin, sin ser abogados, deberían ser premiados por el excelente trabajo llevado a cabo y que hoy permite renacer en los panameños la confianza de que las cosas pueden cambiar para mejor y que la corrupción puede ser controlada a sus más mínimos niveles, eliminando la palabra impunidad de nuestro léxico.

Para mí, esto es motivo de regocijo, particularmente cuando el pasado fin de semana se celebró en nuestro país la Reunión de Medio Año de la Sociedad Interamericana de Prensa, en la cual el exejecutivo de medios Juan Luis Correa es su vicepresidente. Panamá, al igual que ocurría durante los años de la dictadura no estuvo entre los países denunciados por violentar la libertad de expresión ni por perseguir los medios y tratar de censurar el Internet o castigar a tuitero alguno, como sucede hoy en Venezuela y Ecuador.

Lo más llamativo de todo ha sido el periodismo de altura que hoy podemos gozar en Panamá, sin estridencia y sin favoritismos en la propaganda oficial, tal como se dio en el Gobierno anterior con los diarios del expresidente Martinelli y en el Gobierno Moscoso con los antiguos dueños de La Estrella de Panamá.

¡Mi aplauso para los periodistas panameños! ¡Están haciendo Patria!

Versión digital publicada el 9 de Marzo de 2015 en La Estrella de Panamá.