La epidermis sensible de los políticos

epidermisEstábamos en el calor de la campaña electoral de 1989.

Estábamos en el calor de la campaña electoral de 1989. Dirigía el programa diario de la oposición en RPC Radio de 7 a 8 am, gentilmente cedido por el nunca olvidado Fernando Eleta Casanova, el gran Ñopo. El impacto de ese programa era inmenso porque siempre teníamos lo último de las noticias políticas; le metíamos mucha salsa, teniendo como fondo musical ‘Tú me hiciste brujerías’ del Gran Combo, por aquello de que los regentes del Estado tenían de su lado a algún conocido brujo.

María Elena Salinas, reportera de la cadena Univisión de Miami, cubría casi que permanentemente la crisis panameña. Le dije que al día siguiente diría lo que Noriega detestaba oír. Me pidió filmarlo para sus noticias. Tal cual le prometí, esa mañana entró a la estrecha cabina donde transmitíamos y colocó su equipo de filmación. Comencé diciendo que en la campaña todos llamaban ‘Pan de Dulce ‘ al candidato opositor, Guillermo Endara y nadie se molestaba. Pero que nadie se atrevía a decirle ‘Cara e Piña ‘ a Noriega. Nunca pensaron que lo diría. A golpe de las 10 de la mañana, llegó a la gerencia de la emisora la nota de la Dirección de Medios de Comunicación Social del Ministerio de Gobierno y Justicia, firmada por su director, un tal Villalobos, donde, sin ninguna explicación, suspendían definitivamente el programa. La noticia del cierre, filmada por la periodista Salinas, salió en la tarde en el informativo de Univisión como ilustración de la dictadura que vivíamos.

Quién iba a pensar que un hombre tan curtido en las artes militares, como Noriega, iba a tener la epidermis tan delgada como para molestarse porque yo dijera algo que a sus espaldas todos los panameños decían y que no ocultaban con pancartas con dibujos alusivos a la sabrosa fruta tropical cuando se daban manifestaciones.

Algo parecido me pasó a mí, pero en circunstancias ofensivas y calumniosas. Varios meses después de salir de la Alcaldía en abril de 1991, me enteré por los periódicos que habían hecho un concurso a mis espaldas, yo había salido escogido como ‘El alcalde más ladrón de la historia ‘. Mi sucesora en el cargo, nombrada por Endara, con fondos municipales, pagó sendas páginas enteras en varios diarios, donde daba el resultado del desconocido certamen. Por supuesto que eso no quedó allí, y no me quedó el sobrenombre de ‘Ladrón ‘, no solo porque no lo era, sino porque quienes se atrevieron a decírmelo, tuvieron que rectificar.

Los políticos tenemos que tener la epidermis muy gruesa. Desde el momento que aceptamos un cargo público estamos expuestos a que nos digan de todo, muchas veces sin razón. Por eso existen normas en Panamá de que no se considera calumnia e injuria ningún cuestionamiento que se le haga a una autoridad. Hay libertad de crítica al funcionario.

Desafortunadamente todos los políticos, quizá porque en muchos casos no tienen suficiente cancha en esas lides o porque son improvisados, carecen de la epidermis necesaria como para saber que cuando se está en el poder, si se pone bravo con lo que le dicen, le irá mucho peor. Le tomarán el chico , como dice la gente, porque ya saben por dónde flaquea; por dónde no le gusta que le ataquen.

A los actuales gobernantes como que no les gusta que los cuestionen; que les digan lo malo que hacen. Pareciera fascinarles que solo les digan lo tremendo que es su trabajo y que las encuestas negativas son solo una percepción o el resultado de una firma encuestadora opositora. Son fanáticos de los lambones y de los que les hacen coro. Sacan de su círculo al que les hace alguna crítica.

En Panamá a todos los presidentes, sin que se molesten, les han puesto apodos: Pan de Dulce, el Toro, la Doña, el Muñeco que Pasea, el Loco, pero el actual pareciera molestarse porque lo vinculan con lentitud. Chávez llegó a decir que sus enemigos ‘valían m… ‘ que eran unos ‘escuálidos ‘, que ‘no existían ‘. Los insultaba a cada rato. También los llamó homosexuales, como hoy hablan de ñañecos, equivalente de ñaño.

Quizá esa intolerancia a la crítica que tienen algunos se deba a la falta de cancha política; a la carencia de formación política y, sobre todo, a la gente que los rodea que son los primeros en decirles, al igual que le decían, a mi hoy amigo Manuel Antonio Noriega: ‘No permitas que te insulten. Tú eres el presidente. Hazte respetar’.

Versión digital publicada el 23 de agosto de 2016 en La Estrella.