¿Hacia dónde vamos?

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Aquellas argumentadas razones para dar el golpe de Estado de 1968 se fueron desvaneciendo a la medida que los golpistas y sus adláteres le cogieron el gusto al poder que el gobierno empezó a brindarles. Las promesas iniciales de seriedad y probidad administrativa, castigo al peculado y a la corrupción , alto al nepotismo, control del gasto publico y tantas otras fueron poco a poco engavetadas a medida que los bisoños gobernantes se dieron cuenta que para hacer lo que querían con la cosa pública todas esas demagógicas promesas sobraban.

Artículo publicado el 26 de Abril de 1981 en La Prensa de Panamá