Federico Humbert, ¿el presidente que necesitamos?

laestrellaLa ciudadanía ve con preocupación el aumento desmesurado de la planilla estatal, lo cual muerde inmensos recursos del Erario.

Si el contralor Federico Humbert se percatara de la complacencia ciudadana que generó la acción de la entidad a su cargo de llegar de improviso a verificar si en efecto los jugadores de fútbol del equipo del alcalde de Arraiján estaban emplanillados en ese Municipio y si prestaban o no un servicio allí, de seguro que ordenara semejantes auditorías una vez a la semana.

La ciudadanía ve con preocupación el aumento desmesurado de la planilla estatal, lo cual muerde inmensos recursos del Erario. Pero irrita particularmente darse cuenta de que muchos de esos que son nombrados no tienen funciones específicas, simplemente porque no las hay; ni siquiera tienen espacio físico para sentarse dentro del lugar donde son nombrados, que algunos ni siquiera saben dónde queda. Nombrados como ‘asesores ‘ o ‘eventuales ‘, porque algún dirigente panameñista le tiró la toalla o porque alguno de los del PRD en buenas con el Gobierno pidió un favor. O porque son ‘amigas ‘ del jefe o recomendadas de alguno importante para que las nombren en la entidad vecina. En fin, nombrados no por alguna necesidad donde los asignan, sino en la necesidad de alguno con poder para darle la mano a uno cercano de él o de ella, como si el cheque a pagar saliera de su bolsillo.

Cuando llegué a la Alcaldía el 22 de diciembre de 1989, me encontré con casos muy llamativos. ‘Alcalde ‘, me dijo la secretaria, ‘lo llaman de Caracas ‘. Tomé el teléfono y me pregunta una joven que por qué la había destituido. Resultó que la susodicha estaba nombrada en la Embajada de Panamá en Venezuela, pero recibía su salario de la Alcaldía. Jamás había acudido a trabajar. ¿Qué más podía hacer, si no mantenerme en mi decisión? Así me encontré con varios casos. Justificábamos aquello diciendo que era propio de la dictadura, pero… siguió y en mayor dimensión en democracia.

Durante años, muchos años, una de las mayores fuentes de empleos en el sector público, pero sin cumplir función alguna, ha sido el Órgano Legislativo. Allí su presidente, además de devengar el doble de los demás diputados (B/14 000.00), dispone de 10 o 20 millones al mes para nombrar personal: eventuales, asesores por servicios profesionales, suegras, hermanas, tías, que en la mayoría de los casos lo único que hacen en la Asamblea es acudir a ella cada quincena a retirar su cheque, que en algunos casos son compartidos con quien nombró al afortunado beneficiario, al igual ha ocurrido en el pasado en otras entidades donde, como cualquier agencia de colocación, ha habido personas que cobraban un mes de salario a quienes resultaban nombradas. Recordemos el caso de las cuotas (prohibidas en la Constitución y la Ley) que en el Idaan Cambio Democrático cobraba a los funcionarios para su partido (Denunciado por mí y mi socio Víctor Martínez en 2001, donde doce personas fueron condenadas). Mientras se da este horrible despilfarro, se regatean los aumentos que a los maestros por ley corresponden y no hay dinero para la justicia.

Hoy he seguido con mis habituales preocupaciones sobre lo que ocurre en la Asamblea Nacional. He estado insistiendo a la Contraloría General que deberían investigar todo el movimiento de recursos humanos que se da dentro de esa entidad. Contratos de eventuales para posibles candidatos de delegados de partidos políticos; asesores escogidos por los diputados sin función alguna para la Asamblea. Abultamiento de la planilla asignada a cada diputado, que por ley solo debe ser de B/4000 al mes.

Después de varias misivas mías a la Contraloría, el pasado 12 de julio me contestan que ‘le informamos que realizaremos las gestiones pertinentes para que, una vez culminadas las auditorías previamente programadas y que se encuentren en ejecución, se proceda a incluir sus solicitudes para consideración ‘.

O sea que, para que audite los que se ha estado señalando por varios medios sobre el desenfreno que existe en la Asamblea Nacional, la Contraloría deberá realizar las gestiones pertinentes para que luego de culminadas las auditorías previamente programadas, consideren incluir lo que se está pidiendo sobre las planillas. O sea que, a pesar de todo lo que se ha dicho sobre el tema, no han hecho nada y considerarán si lo hacen.

No se imagina el contralor lo que pasaría en Panamá si, de repente la próxima semana, llegan a la Asamblea sin previo aviso veinte auditores de la Contraloría para revisar las planillas legislativas. De seguro que más de uno diría en voz muy alta: ‘¡Federico Humbert para presidente, es el que necesitamos para poner orden en Panamá! ‘. Los aplausos por lo que desenmascaró en Arraiján se escucharían a lo largo de todo el país. Sería la primera vez que un familiar llegaría a tan algo cargo.

Versión digital publicada el 26 de Julio de 2016 en La Estrella.