¿Es el Canal de todos o es una ilusión?

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El efecto multiplicador de la educación debe ir acompañado de un profundo impulso a la cultura.

Finalizada la especie de fanfarria en que algunos convirtieron hace un mes los actos de la ampliación del Canal, es preciso detener la marcha para reflexionar sobre el futuro de nuestro principal recurso nacional y la forma cómo podemos lograr que la ciudadanía sienta de verdad que el Canal pertenece a todos. Algo que no se ha logrado aún en la mayoría de los panameños.

Al margen de comentarios estériles e infundados de tratar de enlodar el gran trabajo realizado, como artículos interesados en la prensa extranjera demeritando lo hecho, o introduciendo elementos como aquellos que sugieren que el Canal solo ha producido beneficios para la oligarquía panameña que continuarán con su ampliación, debemos quitarnos el sombrero frente a los que hicieron posible esta magna obra, la mayor en Panamá desde la construcción inicial en 1914. Si bien esto concluye en 2016, desde antes de nuestra separación de Colombia en 1903 muchos, tanto nacionales o extranjeros, principalmente afrodescendientes, hasta su vida dieron para ver cristalizar la prodigiosa obra que hoy el mundo entero admira, de la cual nos sentimos orgullosos.

Han surgido propuestas como las del expresidente Ernesto Pérez Balladares de que el 25 % de los ingresos canaleros sean utilizados para el desarrollo de la educación nacional. En la misma línea, en uno de mis mensajes en Twitter señalaba que ‘terminada la ampliación, debíamos profundizar en otra urgente ampliación: la de la educación nacional, para que no haya diferencias entre aquella impartida en las escuelas públicas de las privadas ‘. La actual situación de crisis educativa así lo demostró.

Pero debemos ir mucho más allá, ahora que dispondremos de mayores recursos. Se debe, como en su oportunidad hizo el general Torrijos, al enviar a universidades extranjeras a tantos jóvenes humildes e indígenas para que tuviesen acceso a educación superior. Ese aporte de Torrijos, al permitir el acceso a clases marginadas a lo que antes le estaba vedado, debe ser emulado para la presente generación, en un proyecto mucho más abarcador a largo plazo que enviar a profesores a estudiar inglés. Y eso lo podemos hacer con los fondos del Canal y con las tantas oportunidades de estudios superiores que se ofrecen hoy en tantas partes, inclusive en Panamá.

El efecto multiplicador de la educación debe ir acompañado de un profundo impulso a la cultura. Con los nuevos ingresos del Canal, se pueden impulsar programas a nivel nacional de estímulo emocional e intelectual en niños desde los tres años, mediante la enseñanza masiva de la música, al igual con tanto éxito se hizo en Alemania, lo cual en corto tiempo se comenzaría a ver sus frutos y que con tanto éxito se ha hecho en Venezuela, con el llamado ‘Sistema ‘. Por igual, como se lo sugerí al administrador del Canal, Jorge Luis Quijano, podría la ACP darle la mano al aspecto cultural de la población, no solo enseñándole al mayor número de estudiantes cómo funciona el Canal con visitas programadas todo el año, sino encargándose, de la mano del INAC, del mantenimiento y renovación de los sitios históricos más emblemáticos del país, como Fuerte San Lorenzo y Portobelo en Colón, el Sitio Barriles y el Volcán Barú en Chiriquí, Panamá Viejo, El Caño y la Iglesia de Natá y el nuevo descubrimiento arqueológico de Río de Jesús, por mencionar algunos. Ello proyectaría el Canal a un área que debe ser mucho más promocionada y que tanto afianzaría nuestra nacionalidad.

Ya con el Canal de Panamá en otra dimensión, proceso que se hizo en diez años luego del referéndum nacional de 2006 en la administración de Martín Torrijos, que apoyé entusiasmadamente, es preciso que nos aboquemos a preparar a nuestra juventud para afrontar con profundidad el desarrollo tecnológico e industrial del país, haciendo énfasis en áreas como el turismo y el valioso recurso humano de que disponemos y que se debería preparar mejor. Solo así podremos salir de la pobreza y la ignominia en que aún viven muchos panameños. Dándoles esas herramientas del conocimiento y la educación, le brindaremos la oportunidad de ser más y mejores panameños. Así todos, especialmente los más humildes, entenderemos por qué se dice que el Canal es de todos.

Versión digital publicada el 2 de agosto de 2016 en La Estrella.