Cuando los valores se invierten

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Lo que vemos a diario revela que la sociedad panameña no está bien; cada vez se enfrenta más a su propia destrucción.

Lo que vemos a diario revela que la sociedad panameña no está bien; cada vez se enfrenta más a su propia destrucción. Como en los tiempos bíblicos, hemos ido construyendo a nuestro alrededor falsos ídolos que carcomen los valores de una sociedad que debería ser solidaria y justa para reemplazarlos por antivalores que se resumen en uno solo: el dios dinero. Antivalores que para lograr su objetivo tienen licencia para hacer lo que quieran, por eso es permitido el crimen, el narcotráfico, el lavado de dinero, el tráfico de armas, el soborno, el robo a las arcas públicas…

‘Entre más tienes, más importante eres’. ‘Entre más despilfarras eres más cool’. Me cuentan que los hijos de 15 años de un banquero, que ojalá pronto sea llamado a declarar, lucen zapatos Ferragamo de 700 dólares; su padre se jacta de haber acumulado en el pasado Gobierno más de 150 millones de dólares. A otro le calculan haber llegado a disponer de 300 millones y su robo fue tan descarado que Martinelli le pidió su renuncia como ministro.

Lo que nos enseñaron como valores: familia, amigos, respeto, lealtad, honestidad, humildad, gratitud, educación, fe en un Ser Superior, lamentablemente ha sido reemplazado por propiedades, alhajas, honores, inversiones, chequeras, prepotencia y cuánto vicio se nos pueda ocurrir. Todo lo que se puede obtener con el dinero fácil, aunque provenga de las arcas públicas y con ello se envenenen niños o a otros les falte medicinas en los hospitales.

Cuentan que el gran rey Alejandro Magno, uno de los más poderosos de la historia, reunió a su plana mayor de generales y les leyó su testamento, el cual pidió fuese cumplido estrictamente al momento de su muerte. Les pidió que al fallecer quería que su féretro fuese llevado sobre los hombros de los más prestigiosos médicos, que en el trayecto de su entierro fuesen regadas las joyas, el oro y las riquezas que tenía y que, al sepultarlo le dejaran las manos afuera de su sepultura, a la vista de todos. Un curioso general preguntó sobre las razones de tan extraño testamento, y Alejandro les dijo: ‘Cargarán mis restos los mejores médicos, para demostrar que la muerte nadie la puede detener con ayuda alguna. Repartiré mis tesoros, porque de la Tierra provinieron y allí se tienen que quedar. Las manos las quiero fuera de mi tumba, para demostrar que vine sin nada a la vida y me voy también sin nada’.

La corrupción en Panamá no la inventó Ricardo Martinelli. Es un mal que nos carcome desde los tiempos de Colombia. Difícilmente encontraremos algún Gobierno desde 1903 que se le pueda calificar de impoluto. Sin embargo, fue Martinelli quien la desarrolló a tal punto que hoy nos escandalizamos de todas las porquerías que se van conociendo de lo que hicieron con los fondos del Estado.

Todavía nos falta mucho: Ministerio de Salud, Obras Públicas, Turismo, Tocumen, AMP, Inadeh, Ifarhu…; será de nunca acabar, porque donde había dinero, habían gallinazos reclamando su pedazo de carroña. Los fiscales no son suficientes y lo sabemos. En los siete meses y pico que tienen de estar allí, la procuradora Porcell y el contralor Humbert, han hecho bastante; tomando decisiones que nunca nadie pensó se tomarían.

Lo que está ocurriendo, no vaticina un volver a los valores tradicionales de antaño. Inculcarlos demorará varias generaciones. Eso sí, brinda lecciones a los gobernantes para que no se repitan las dantescas escenas que nos produjo Martinelli en su paso por el poder, en su afán de enriquecerse más y ayudar a todo el que le rindiera pleitesía. Lección dura para algunos, sobre todo indefensos familiares, pero necesaria para recuperar la esperanza en una Patria Nueva.

Esas lecciones podrían ser más alentadoras, si se evitan casos como el permitir que Aaron Mizrachi, a sabiendas de todo en lo que estaba metido, pudiera salir del país. Si se devuelve a la cárcel a algunos de los que le han dado casa por cárcel y les han involucrado en posibles nuevos delitos. Las sanciones deben ser igual para todos, aun cuando los implicados tengan relación con los actuales gobernantes.

Versión digital publicada el 17 de Agosto de 2015 en La Estrella.