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En 1984 Guillermo Cochez emprende una exitosa campaña electoral que lo lleva a ser legislador nacional para el periodo 1984-1989, por el circuito 8-9 (San Francisco, Río Abajo, Juan Díaz y Parque Lefevre de Ciudad de Panamá). La jornada comicial fue catalogada como “heroica”, pues el régimen no escatimó en intromisiones y abusos de los recursos del Estado panameño para favorecer a los candidatos oficialistas. Los militares, a través de distintos mecanismos, se robaron más de 15 curules obtenidas por los opositores. No pudieron quitarle el triunfo de Cochez porque tuvo la suerte de contar con el apoyo de dos de los tres magistrados del Tribunal Electoral, que habían sido sus profesores en la Universidad de Panamá, César Quintero y Rolando Murgas, a quien los unía una especial amistad.

El inicio de la Asamblea, luego de 16 años sin órgano legislativo, fue caótico. La instalación de esa Asamblea estuvo plagada de denuncias del fraude electoral a favor del Presidente electo Nicolás Ardito Barletta y el descarado despojo de más de 15 curules de la oposición. Cochez fue uno de los  que más protestó ese día.

Su paso por la Asamblea, la primera desde el golpe de Estado de 1968, lo marcó como un dirigente nacional. Los opositores aprovecharon la rendija que esa elección significó y abrieron espacio en los medios de comunicación que cubrían las sesiones parlamentarias.

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La instalación de esa Asamblea fue de trascendencia histórica para el país, pues desde 1968 – cuando se produjo el golpe militar – no funcionaba un cuerpo legislativo con opositores. Así que a esta nueva generación de diputados, en su mayoría oficialistas – pero con 19 opositores, entre ellos Cochez – les tocó enfrentar a los castrenses para combatir las impopulares medidas fiscales aprobadas anteriormente. Incluso, tuvieron que denunciar el fraude electoral que había colocado en la silla presidencial a Nicolás Ardito Barletta, pieza clave de la dictadura hasta que fue destituido por intentar esclarecer el asesinato del opositor Hugo Spadafora, ocurrido en septiembre de 1985 y cuyo cuerpo fue encontrado decapitado en la frontera tica-panameña.

Aquella Asamblea a la que perteneció Cochez también aprobó leyes que favorecieron a la clase media en la adquisición de viviendas y denunció sistemáticamente todos los abusos cometidos por los militares, algo fundamental para alcanzar un apoyo internacional más firme a los que se oponían al régimen del “Hombre Fuerte de Panamá”, Manuel Antonio Noriega.

Pero, como era de esperarse en tiempos de dictadura, Cochez fue blanco de ataques por parte de los medios oficialistas, o que aparentaban serlo. En los archivos hemerográficos del istmo se pueden encontrar decenas de reseñas informativas y hasta caricaturas en diarios como el oficialista Crítica que exponen un Willy Cochez problemático, desestabilizador, pro gringo y hasta con oscuros intereses. A pesar de la rudeza de esos trazos, Cochez siempre mostró su simpatía por aquellas creaciones que lo fortalecían en la escena política, al punto que incluso compró al autor– el caricaturista panameño Peña Morán – algunos de esos dibujos originales para integrarlos a su colección personal.

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